“Yo… he visto cosas que vosotros no creeríais: cartuchos de Nintendo World Championship edición dorada. He visto desenterrar cientos de ET de Atari en Nuevo México. Todos esos momentos se perderán… en el tiempo… como el Ultimate Mortal Kombat 3 Wavenet de Chicago. Es hora de apagar la consola”

 

Mi hobbie preferido son los videojuegos, la gente me conoce. No sólo juego sino que también los colecciono y además también reparo consolas para mis clientes y sobretodo en el último tiempo, me he dedicado “al periodismo de videojuegos”.

 

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No es ninguna novedad. Para nuestra generación los clásicos marcaron nuestra infancia y moldearon de alguna manera nuestra personalidad. Hoy que los videojuegos ya no son tan resistidos, sino todo lo contrario, podemos salir del “closet friki” y hasta se nos ha designado un descriptivo que lleva cierto honor: “gamers”. Aunque por cuestiones muy personales prefiero seguir considerándome un “vicioso de los jueguitos”.

Me ha pasado en numerosas ocasiones que muchos de mis clientes me traen una máquina que no funciona pero en un estado de conservación inmejorable, casi sin uso. Un fusible quemado por acá, o algún desperfecto menor reparado las vuelve a la vida. Mi mente no deja de imaginar cuantas horas de diversión encierra todavía ésta máquina resguardada del paso del tiempo, pero a poco entregarla a su dueño y al intercambiar algunas palabras con él, mi ilusión es cortada de cuajo cuando intuyo que la consola arreglada no va ser usada. “Así como la ves, la pongo en su caja y la subo a la repisa”; “Sí. Ahora va andar perfecta. Pero para el uso que le voy a dar”…. Son algunas de las frases que aún no logro comprender.

 

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Confieso que si bien aún conservo muchas consolas clásicas, también me he desecho de muchas y por eso me he ganado el estupor de muchos conocidos que me han tildado poco menos que de loco por vender varias de mis preciadas adquisiciones por precio de risa.

No han sido pocas las ocasiones que he vendido máquinas a coleccionistas de gran calibre, cuyas pertenencias me han dejado impresionado. Algunos de ellos me han dejado conocer sus verdaderos palacios de lo retro, con consolas y juegos inconseguibles (en su estuche sellado), pocas veces vistos, apilados hasta el cielo. Siempre de identidad desconocida, estos anticuarios apilan sus tesoros en templos dignos de adoración a alguna deidad retrogamer.

 

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Es que paralelamente a esta etapa “renacentista de los videojuegos retro”, también creció en los últimos años otro modo de juego, tan apasionado como tratar de finalizar Megaman o Supermario: “el coleccionismo de videojuegos”.

El coleccionismo es una de las grandes aficiones de esta segunda vida de los videojuegos clásicos. Al convertirse las consolas y juegos en objetos de culto y al subir estratosféricamente su precio en el mercado, acumular estas preciadas joyas en los estantes de nuestro “museo privado” es obsesión de muchos fanáticos que a pesar de no ser completamente “jugadores” integran sin ninguna duda el moderno colectivo “gamers”.

Pero este hobbie no sólo se nutre de viejas máquinas, sino también con las nuevas “consolas conmemorativas” como la Mini Nes o Mini Snes. Los poseedores de una consola con licencia oficial pertenecen a esa franja de “gamers” donde el aspecto más importante del videojuego, o sea jugar, ha pasado a segundo plano. Para este tipo de aficionado, lo importante es el objeto.

 

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Coleccionistas de videojuegos los hay de diferentes edades, pero en general rondan los 30 años. Y en nuestro caso, quienes arrancamos con el Atari 2600, hemos tenido que reducir drásticamente nuestro tiempo de juego a causa del trabajo y obligaciones al mismo tiempo que crecía en nosotros aquella otra motivación de volver a recuperar aquellas consolas que tuvimos en la infancia o aquéllas exclusivas que siempre quisimos tener y nunca pudimos.

 

¿Acaso es el único hobbie que nos permite la vida adulta y que viene a llenar nuestro vacío existencial gamer? ¿Nos hemos convertido con el paso del tiempo de expertos jugadores en  coleccionistas compulsivos?.

 

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Mientras mi mirada recorre tantas videoconsolas amontonadas en el estante de mi pieza y se queda fija en ese cartucho de Metroid de Nintendo Nes, original, con su estuche negro de plástico con el logo inmortal de Nintendo, acompañado de un clásico póster publicitario de la época, pienso que todos estos objetos me recuerdan diariamente quien soy… Pero en el fondo, siento profundamente, que cambiaría todo esto por mucho tiempo libre, por otra vez la mente despejada, por tardes interminables, por reuniones de amigos a la siesta, por transformadores a punto de explotar y por la ruidosa imagen del conector de antena, mientras nos pegábamos al tubo del televisor, con el mando en vertical, memorizando el ritmo en que pasaban los monolitos en el turbo tunnel de Battletoads.

Y tu. cuando te vas a acostar. ¿Sueñas con jugar o con viajar a Akihabara?